Andas preguntándote cómo has de moverte, cambiar, encontrar tu camino. Atas tu destino a una casualidad y esperas que la suerte te sonría. Piensas, mientras tanto, en el quizás, en mañana y en ‘al otro’. Después cambias el rumbo. Y dos días después, vuelves.
Querer detenerlo todo. Gritar arriba las manos y apoderarse de la vida.
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