lunes, 22 de agosto de 2011

Buen viaje.

Por suerte para unos, y desgracia para otros, el Papa Benedicto ya ha abandonado tierras españolas. Para mí, agnóstica,  estas jornadas me son un poco indiferentes, aunque no apoyo que un Estado aconfesional financie este tipo de eventos. Ni que se suba el precio del transporte público un 50% y a los peregrinos se les permita disfrutar de bonos con un 80% de descuento (además de descuento en comida y  alojamiento), o que el sentido común  manifestándose de forma pacífica reciba palos por  las calles mientras se hace la vista gorda en los botellones de los jóvenes creyentes en pleno centro de la ciudad ...

Pero si hay algo que de verdad me jode (y me preocupa) es que estas reuniones llenas de alegría, entusiasmo y politos con banderitas de España, den la espalda a la realidad, cómo si vivieran en un mundo paralelo, cómo si sus absurdos cánticos y rezos bastaran para borrar por momentos la miseria que hay en el mundo.

Al fin y al cabo, unos días de flores, palomas blancas y confesionarios exprés durante los cuales los optimistas creen que se han dejado 160 millones de euros en el país, mientras que muchos trabajadores opinan que los beneficios han sido mínimos.
Si al final no salen las cuentas llamaremos a Benedicto, que ya se sabe la capacidad de la Iglesia para multiplicar panes, peces..  y euros.

Bye, bye Benedicto.

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